Actualmente la importancia de la protección solar es ampliamente conocida por la mayor parte de la población. Los fotoprotectores modernos son excelentes, cada año surgen fórmulas nuevas con mayor eficacia y una cosmética aún mejores que las del año precedente.

En cuanto a eficacia, cada año se logran filtros más estables, con mayor capacidad para proteger de la radiación UVA, con activos antioxidantes que previenen los daños celulares de radiación UV e infrarroja e incluso con enzimas capaces de corregir las mutaciones que el sol induce en el ADN. Son filtros que migran menos (no entran en los ojos), que tienen más permanencia sobre la piel mojada, e incluso algunos conservan sus propiedades hasta 4 horas después de la aplicación. También algunos cuidan el medio ambiente y pueden usarse para bañarse en aguas protegidas.

También, hay protectores solares diseñados cuidadosamente para pieles con problemas dermatológicos específicos como la dermatitis atópica, acné, rosácea o queratosis actínicas.  La formulación de los buenos filtros está muy regulada de forma que no contienen ingredientes alergénicos, ni peligrosos, ni inestables al exponerse al sol. Por supuesto, existen filtros solares en el mercado en que sucede todo lo contrario, por eso es fundamental pedir consejo al dermatólogo para saber qué filtro es idóneo para uno. 

Los filtros solares deben aplicarse en las cantidades necesarias para cubrir el área con una adecuada aplicación. Algunas marcas se venden con envases con dosificador y especifican en las instrucciones cuántas pulsaciones hay que aplicar en cada zona anatómica. El protector solar se recomienda aplicarse media hora antes de exponerse al sol y repetir la aplicación cada 2-3 horas o después de cada baño. 

Es importante conocer que incluso los filtros excelentes tienen sus limitaciones, y que hay una porción de la radiación UVA que siempre penetra en la piel (los fotones de baja energía) y tiene la capacidad de envejecerla y de inducir mutaciones en al ADN y producir cáncer de piel. Por eso debe evitarse la exposición solar en las horas centrales del día, incluso con crema protectora. En el caso de los niños es especial, se sabe que la quemadura solar en la infancia está relacionada con la aparición de algunos canceres de piel en la edad adulta. Por eso es aún más importante proteger a los niños del sol. Antes de los 3 años los niños son aún más vulnerables; hay que evitar que se expongan directamente al sol y la ropa anti UV es una buena solución (etiquetada UPF 50+). Otras de las recomendaciones es llevar gafas de sol para prevenir cataratas y el daño retiniano, especialmente en los más pequeños. El sombrero de ala ancha es muy recomendable dado que también sirve de medio físico para proteger zonas del rostro y el cuello es un buen complemento para el filtro solar.




Dr. Cristian Rocha
Médico Dermatólogo
RyZ Dermatech